
Desde antes de nacer Javiero, yo
apuntaba maneras en otras direcciones que después tomé: 1978 (a mis 24 años) no
voté la Constitución. 1986 (con 32 años) yo seguía con el Otan no, bases fuera,
y nunca me fie de Izquierda Unida ni de Julio Anguita. Solo el voto al partido
de Kechu me llevaba entonces a acercarme a las urnas: votaba IU como lo menos
malo. 1989 (a mis 35) no celebré la caída del Muro de Berlín. 1991 (a mis 37) no
aplaudí las misiones de paz en el exterior del ejército español y, mientras fui
tito con voz propia, desaconsejé a mis sobris trabajar para Airbus, gran
enganche a la juventud. 2012 (a mis 58) simpaticé con el Procés [pruzés en
catalán]: conjunto que se desarrolló hasta el 1 de octubre de 2017 (a mis 63) por
la autodeterminación y la independencia de Cataluña respecto al resto de
España. 2022 cuando en febrero 2022 estalló la guerra en Ucrania yo estaba ya muy
lejos de la España que se mostraba sensible y solidaria con semejante historia.
Daniel Lebrato iba a cumplir 68 años, el próximo 31 de mayo cumpliré 69.
Paralelamente a ese eje principal,
yo había vivido otra deriva más personal pero igualmente política: mi desafección
del libro y la cultura, ese poderoso mundo del que había formado parte desde 1987,
nacimiento De quien mata a un Gigante. Llevo fuera del libro de papel
desde 1993 (Agosto, primer libro que me publiqué yo mismo en Blogspot, podéis
verlo aquí); eLTeNDeDeRo circula desde 2005, como daniellebrato.com. Si he seguido apareciendo
en imprenta (Tinta de calamar en 2014) ha sido a petición o por
voluntad de editoriales (SimLibros o En Huida), a las
que me pareció feo rechazar.
Unido a esto, otro gran desaire
que me dejó al margen, fue mi decepción con la generación Podemos, de la que
siempre desconfié (podéis
verlo aquí en 2016 en eLTeNDeDeRo) y eso que en su día me apunté en la
lista de seguidores de Podemos (fue en Sanlúcar y fue con Françoise). Quiero
decir que la generación sí se puede de pido y pide, que el Estado proveerá, no
me ha emocionado ni me la he creído para nada; otros a mi edad sí cayeron en el
efecto Podemos: Julio Anguita, los yayoflautas, el propio Pce o Izquierda Unida
todos, todos, rindieron pleitesía a un energúmeno Pablo Iglesias.
A esa altura lo único que me
quedaba era mi familia, y esa también me dejó. Fue el mismo año 14, con Pepe,
mi hermanísimo, en mi contra; con Pepita, mi madre, calla y otorga, y con mi
hijo, Javiero, al margen. No había quien pudiera con aquella soledad. Todavía
no puedo ni nadie puede. Así que me acogí a mi parte de familia que me quedaba:
Pilar y su círculo de pequeñines a este mundo: Teresa principalmente y cuatro
años después Teresa y Rodrigo. Ahí tuve lo que otros llamarían zona de confort.
A día de hoy, nadie me acompaña
mejor que ese círculo. Espero la comprensión y el amor de mis dos hijos colegas
y hermanos.